Papeles, llaves, fotos, libretas, monedas sueltas, botellas vacías y bolígra- fos de mil colores. ¡De todo y por todos los lados! Ropa de invierno en los cajones de verano y copas de vino junto a los vasos de leche.

¿Cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa? ¡Imposible! Nunca he sido muy ordenada ni por fuera ni por dentro y si te digo la verdad, lo habré intentado solo un par de veces. Siempre me da miedo deshacerme de algo y necesitarlo por el camino.

Te parecerá absurdo que te cuente que entre tanto desastre, a veces las ideas se encuentran de forma aleatoria y crean un universo de conexio- nes. Pero déjame que te diga también que estas conexiones, la mayoría de las veces, tampoco acaban desembocando en algo ordenado y lógico.

La gente desordenada, dicen, no tiene nada que perder más que aquello que ya han perdido por no saber dónde lo guardaron.


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