¿Cuánto falta? ¿A qué hora llegaremos?

¿Qué largos se hacían los trayectos y cuanto podíamos llegar a aburrirnos verdad? Tampoco es algo que haya dejado de pasar…

Ahora que podemos saber en todo momento cuánto durará una película, un concierto o una obra de teatro… No hacemos otra cosa que preguntar. Debe estar perfectamente estudiado lo que han de durar las cosas para que no nos vayamos antes de tiempo…

¿Cuántas veces miras las páginas que tiene un libro antes de leerlo? O el tiempo que durará un video, da igual… Empezamos a aburrirnos, le damos al stop y miramos cuánto tiempo más nos queda para seguir abu- rriéndonos…

¿De dónde vendrá tanta prisa?

¿Cuánto va a durar ese abrazo, ese beso o esa noche? Esa persona, esa relación o ese momento… Esa reunión de trabajo, esa discusión con tu amigo o esa visita en la familia…

En la vida debe ocurrir más o menos lo mismo, ¿No? solo que no tene- mos un botón que nos indique de manera precisa lo que van a durar las cosas…

Cuánta gente anda corriendo de un lado para otro sin saber a dónde va ni a qué ha ido, y sin llegar a valorar si necesitaba ir de prisa o si podría haber hecho lo mismo un poco más despacio…


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