Hace un tiempo me casé conmigo.

Sí… Ya sé que suena un poco raro, pero lo acabaréis entendiendo.

No recuerdo la fecha, soy muy mala para eso. Supongo que debía ser in- vierno porque yo nunca me casaría en verano. Fue una ceremonia sen- cilla, con música, pero con muy pocos invitados y sin flores. Sí. En eso coincidimos. No somos muy de flores y mucho menos de invitar a gente por compromiso.

Os diré que desde entonces nos llevamos bastante bien. Con nuestros más y nuestros menos. Seguimos sin estar de acuerdo en muchas cosas, pero nos acabamos entendiendo. Ya sabéis…la convivencia no siempre es fácil.

Tenemos nuestras crisis, como todas las parejas, pero nos seguimos sor- prendiendo cada día y eso es fundamental.

Siempre me dice que no sabe por dónde le voy a salir y la verdad es que yo tampoco. Eso es algo muy normal en mí.

Nos gusta el mismo tipo de comida y nos cae bien el mismo tipo de gente. No os imaginas lo que esto facilita las cosas.

También nos gusta mucho hablar y cuando nos ponemos no hay quien nos pare. ¡Nos encanta hablar de todo y acabar por no decirnos nada!

Nuestros amigos siempre nos hablan de lo difícil que es la convivencia en pareja, pero nunca nos cansaremos de decirles que la convivencia es una cosa que empieza siempre en uno mismo.


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