Existe un porcentaje mínimo de personas que saben estar y ser a tu lado.

Que saben quedarse. Darte la mano cuando la pides y hacerte mejor persona. Que saben seguir a tu lado cuando todo el mundo se ha ido, incluso cuando tienen otra cosa que hacer.

Hay otras personas que están pero que no son. Que se quedan cuando quieren y no cuando lo necesitas.  Que vuelven cuando les apetece, un día cualquiera, después de un tiempo sin aparecer. Personas que vienen y  van pero que nunca se quedan.

Al final se produce una balanza en la que en un lado están los que llegan tarde para quedarse y en el otro los que llegan pronto para irse. Y entonces te das cuenta de que lado vale más y decides quedarte con quien sabe estar pero sobretodo ser. Sin motivos. Sin excusas.

Y al final aprendres a no aceptar el “cuídate” de nadie que no vaya a quedarse para ver si lo haces.


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