Querida yo del pasado. Te saluda tu yo del presente. La misma que te saludará de nuevo dentro de unos años. Has hecho y has marcado mucho de lo que soy ahora. Así que primero de todo, gracias. Tengo la enorme ventaja de saber más yo de ti que tú de mí.

Déjame reírme de ti un poquito. Déjame reírme por todas esas lágrimas que derramaste. Me descubrieron cuánto vale una sonrisa.

¡Qué tonta!

Has crecido tanto que incluso estoy un poco asustada de esta nueva versión de ti. De mí.

Querida yo del pasado. Déjame recordarte la vez que perdiste aquellas amigas tuyas porque te traicionaron. Hoy sabes que nadie en esta vida es imprescindible.

Déjame decirte también que aquel nueve en historia no definía lo lista que eres y que aquel 2 en inglés no sería para nada el último que verías. Con eso te has dado cuenta que los números són sólo números.

Sigo siendo tan cabezota como era entonces y aunque me decían lo contrario, eso me ha traído más cosas buenas que malas.

Sigo siendo más fuerte por fuera que por dentro, por eso me duelen menos las hostias que las palabras.

Ya se que nunca te gustaba dar besos. Siempre has sido mucho más de dar abrazos. Sigue sin gustarme pero con la ventaja de que ahora nadie me obliga a darlos.

Pensaba despedirme de ti en esta carta pero no puedo. Me he dado cuenta de que todavía queda mucho de ti en mí. Demasiado.


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